Unión monetaria de América del Norte

La Unión Monetaria de América del Norte es una medida económica prevista por una teoría conspirativa que afirma que existe un plan secreto para llevar a cabo la unión económica y, sobre todo, monetaria de los tres países soberanos de Norteamérica: Canadá, Estados Unidos y México. La teórica unión iría acompañada de la implantación de una nueva supuesta moneda, en sustitución de las unidades monetarias actuales (el dólar canadiense, el dólar estadounidense, y el peso mexicano). Según esta teoría conspirativa la hipotética unidad monetaria sería el Amero.

Buena parte de la teoría se documenta en un trabajo académico de Herbert G. Grubel (The case of Amero) y en la existencia de monedas (ameros) supuestamente acuñadas por el Gobierno de los Estados Unidos y que habrían salido a la luz pública gracias a Hal Turner, un locutor de radio por Internet relacionado con los círculos antisemitas y supremacistas blancos de EE. UU. En realidad, tales monedas pertenecen a una colección de un diseñador de medallas.

Si bien desde algunos círculos académicos se ha sugerido un programa económico de características similares en algún momento, ningún poder político o económico ha confirmado tales hipótesis, ni se ofrecen pruebas de que tal unión esté programada en un futuro próximo.

Origen de la hipótesis
La idea de una unión monetaria norteamericana habría sido propuesta en primer lugar en 1999 por el economista canadiense Herbert G. Grubel que publicó un trabajo titulado El caso del amero en septiembre de 1999.1 El trabajo es una simulación inspirada en la creación de la moneda única europea.2 Otro grupo de expertos canadienses del Instituto C.D. Howe, abogaron por la creación de una moneda compartida entre Canadá y los Estados Unidos.

Después de que el informe saliera los grupos patriotas en Canadá expresaron su oposición a cualquier unión monetaria al verla como un intento de negocios estadounidenses de ganar acceso a los extensos recursos naturales de Canadá mientras que desmantelan los servicios sociales de la nación. El Consejo de Canadienses, fuerte grupo de presión de 100,000 miembros, ha declarado que uno de sus temas centrales es la amenaza de la “integración profunda”

La oposición a estos planes secretos estaría teniendo lugar no sólo en México y algunas otras naciones al sur del continente, sino incluso en países como Canadá que, en apariencia al menos, han logrado una situación razonablemente ventajosa.

Según tales planes, las ventajas de la Unión Monetaria radicarían en la eliminación de los gastos de conversión monetaria, el control único de los tipos de interés y el incremento del PIB tanto de México como de Canadá.

Existirían antecedentes de esa Unión. Se han practicado niveles menores de cooperación monetaria en las Américas anteriormente. Algunas naciones, tales como Argentina, Brasil y Canadá, en ocasiones han pareado su moneda al dólar estadounidense, con resultados controvertidos (en Argentina con resultados muy malos para la mayoría de la población). Algunas otras, como Aruba, las Bahamas y Barbados todavía lo hacen. Así mismo, el dólar estadounidense es aceptado oficialmente junto con monedas locales en El Salvador (desde 2001), Nicaragua, Perú, Honduras y Panamá, aunque, en la práctica, dos de estos países (El Salvador y Panamá) están completamente dolarizados. En el 2000, Ecuador adoptó oficialmente el dólar estadounidense como su moneda única. En un caso particular Guatemala creó una ley que llama Ley de Libre Negociación de Divisas, vigente desde el 1 de mayo de 2001, que consiste en poner al dólar estadounidense (junto a otras monedas del mundo), como monedas de uso legal, más no de curso legal, pues el quetzal aún circula como la única moneda de curso legal. En el caso de esta ley, le permite a cualquier persona, negociar bienes o abrir cuentas bancarias en otro tipo de moneda, siendo el dólar estadounidense la más usada. En la Argentina, durante el gobierno de Carlos Menem, se sancionó una ley, inspirada por el ministro de economía Domingo Cavallo, que estipulaba la convertibilidad automática de la moneda argentina (en ese momento el Austral, más tarde el peso convertible) con el dólar estadounidense. Esta ley dejó de estar en vigencia en 2002, después de una terrible crisis económica y política. La integración de la moneda es también una de las muchas metas a largo plazo de la UNASUR (Unión de las Naciones Sudamericanas), una organización supranacional que abarca todas las naciones soberanas de Sudamérica.